martes, 9 de diciembre de 2014

Un hombre de teatro llamado Enrique Gil


El autobús de la empresa Alsa queda atascado en el puente de Villafranca del Bierzo




No se necesita mucha lucidez para ver como a nuestras autoridades municipales  hace dos días se les apelotonaban las palabras en la boca ante los medios de comunicación para explicarnos las maravillosas obras del puente, hoy desgraciadamente me temo que después de tanto retoque y tanta cosmética tendrían que morderse la lengua. La experiencia me va enseñando que con tanto lumbrera experto en obras, y tanto ingeniero destilando incompetencia, se les olvido que por el puente circulaban coches, y que hasta hace poco en este puente se cruzaba un coche y un autobús, pero llegaron todos estos diseñadores de la estrechez y tunearon el puente y así quedo que ahora no pasa ni el coche de línea, pero nos seguirán engañando con sus dulces mentiras, y dentro de poco nos volveremos a quedar deslumbrados por un nuevo rebuzno, y con el éxtasis no sabremos si nos la servirán a granel o de garrafón.



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domingo, 7 de diciembre de 2014

Aguanta masa mientras o zarralleiro pasa



No me sale ni una sola palabra que suene bien para ponerle en el pie de la foto. Cuando no han pasado ni veinticuatro horas de la inauguración de las protecciones del puente, al primer impacto ya quedo un tramo como la torre de Pisa, y eso que nos han hecho masticar estos remiendos sin analgésico como la panacea de la seguridad. Que Dios nos coja confesados ante tanta incompetencia mientras contemplo los estragos y voy tomando nota en una servilleta de la cafetería del Burbia. 



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sábado, 6 de diciembre de 2014

VEAN Y JUZGUEN


                                   Cuesta de Zamora siglo XIX


                                   Cuesta de Zamora siglo XXI

VEAN Y JUZGUEN

Poco a poco, y con la bendición apostólica de patrimonio, el paisaje de un puente ha sido sacrificado en aras de esa realidad virtual y semafórica,que hace más cosmopolita al paleto y más digestiva la sonrisa de la vulgaridad bajo el ojo clínico de los estraperlistas, mientras los ciudadanos siguen sufriendo día a día sus efectos secundarios, y algo que debería tener holgura, se convierte en estrechez, será que nuestros representantes quieren dejarnos hipnotizados y enriquecernos de ignorancia.

Ustedes no se preocupen, a mandar que para eso estamos.





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viernes, 5 de diciembre de 2014

LA FUENTE DE LAS VACAS



LA FUENTE DE LAS VACAS

 A veces el blanco y negro de una fotografía queda como documento para dejar constancia de un hecho pasado, así en el año 1965 cuando se derribó el edificio que alberga hoy Caja España, o como se denomine actualmente, en el lateral de la Travesía de San Nicolás estaban incrustadas en la mitad de la pared las cabezas de lo que posteriormente sería la fuente de las vacas. Fue durante el mandato del alcalde Don José Fernández Villarejo cuando se salvo este vestigio de procedencia desconocida, y que otro alcalde Don Federico Cuadrillero en 1967 le dio otra utilidad pública como fuente de las vacas que hoy conocemos.




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jueves, 4 de diciembre de 2014

La acometida de la luz al polígono de Vilela esta siendo investigada por el juzgado




El equipo de gobierno del ayuntamiento de Villafranca del Bierzo ha puesto en conocimiento de los tribunales de justicia el incumplimiento en la ejecución  de la acometida de electricidad al polígono industrial de Vilela, realizado por los anteriores gobernantes del municipio, y que había sido pagado con cargo al Fondo Estatal de inversión local, conocido como plan E.
El juzgado número 4 de Ponferrada ha abierto diligencias para investigar la denuncia presentada por el consistorio villafranquino.




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miércoles, 3 de diciembre de 2014

LAS PALLOZAS EN EL MUNICIPIO DE VILLAFRANCA DEL BIERZO

LAS PALLOZAS EN EL MUNICIPIO DE VILLAFRANCA DEL BIERZO



Palloza de Paradaseca


No deja de ser curioso que en estos pueblos que se recogen entre montañas vecinas y paisajes comunes, coexistan dos tipos de pallozas diferentes, solo al contemplar sus cubiertas de paja las distinguimos perfectamente. Paradaseca, fue el pueblo de las pallozas durante muchos años, hasta que fue cayendo en un abandono gradual y la maleza fue devorando una a una esas reliquias de nuestra arquitectura tradicional.
Las pallozas tanto de Paradaseca, de Tejeira y de Villar de Acero tenían su cubierta en forma cónica, mientras que en el vecino pueblo de  Campo del Agua encontramos la cubierta  como si fuese diseñada a dos aguas y las cabeceras haciendo una forma de semicírculo.
La construcción de las pallozas se realizaba en dos niveles, la parte más alta que servía para la vivienda de las personas y separada por unas tablas de la más baja para los animales. Aunque vista exteriormente la palloza quedaba uniforme y se adaptaba a la rugosidad del terreno. Los muros   se hacían de piedra y la cubierta de paja de centeno.

La construcción de la misma se realizaba apoyando en la estructura interior del muro unos puntales, también llamados pies, normalmente de madera de castaño que se quemaba en su parte inferior antes de ser introducida en la tierra. Sobre los puntales o pies se asentaba “ la viga madre”, y sobre esta arrancaban “las teixeiras”, que se entrecruzaban para sujetar “la cumpia” o “cumbrela”, que es la viga superior. En las pallozas de Paradaseca al terminar su techo en forma de uve invertida tenían dos “Cumbrelas”, la mayor y la menor. Posteriormente se colocan “ las tercias”, y de una tercia a otra van unos palos más pequeños que se llaman “ripias,” que van atados a las tercias por los  “brincallos”. Antes de realizar “el teitado” de la palloza se colocan unas lajas de piedra sobre los muros de la pared para desviar el agua de la lluvia hacia el exterior y así evitar las humedades del interior de la palloza. Y por último los teitadores colocan la paja de centeno atándola a las ripias.  



Pallozas de Campo del Agua




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martes, 2 de diciembre de 2014

La Patera





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La calle del Agua.Heráldica 8


Siguiendo con la numeración par de la calle del Agua en la casa que estaba hasta hace poco en el número 46, existían dos escudos semejantes, hoy desgraciadamente sólo queda uno de ellos en la parte de la fachada que quedo sin derruir.
En el campo del escudo aparece una caldera con el asa levantada y en la parte superior del asa una cruz.Este escudo representa a la familia de los Neira.



La calle del Agua,  cuando todavía estaba habitada la casa y que era conocida popularmente como "La casa de los Muchos," por el gran número de familias que habitaban en ella.



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lunes, 1 de diciembre de 2014

"EL PERAL DEL ABUELO" por Gilberto Núñez Ursinos



EL PERAL DEL ABUELO

 ¡Bah, pero si solo es una pera; una pequeña, negra e insignificante pera…! Pero es algo, es algo, nos dijo mi abuelo a mi primo y a mí.
Como todos los años, cuando se acercaba Nochebuena, más que como una obligación, como pretexto para sacarle unas monedas; mi primo y yo nos dejábamos caer por la casa del abuelo y nos acercábamos a ver el viejo peral cuyas peras servían para la compota en el menú de Nochebuena. El abuelo tenía aquel peral en gran estima. “ Lo plantó mi abuelo; lo injerto mi padre, y comenzó a producir cuando yo era un rapaz”. Y yo adivinaba en sus palabras como si el abuelo viese en el peral algo así cual una tradición en el paisaje berciano. Recoged, recoged todas las peras, que no se pierda ninguna; es una lástima que se pueda perder lo que tanto se ha tardado en conseguir. Y nosotros nos afanábamos cogiendo las peras. Mirábamos; remirábamos. Era casi una cuestión de orgullo. Pero aquel año había quedado una pera sin recoger. Una pequeña, negra e insignificante pera. Pero era algo que nos había dejado como malos cogedores. Era algo que al abuelo le hacía sufrir. Subimos al peral, intentamos coger la pera, pero todo intento fue vano. Tratamos de recogerla con una mano metálica; pero tampoco pudimos. Entonces, mi primo, a quien la vista de la pera le llenaba de rabia, soltó un taco y tomando un palo de las habas, trató de tirarla. Pero la mala fortuna hizo que en vez de tirar la pera, rompiera una rama, lo que escandalizó al abuelo. “Hugonote-el abuelo era muy leído- deja, deja la pera. Prefiero dejar la pera a que me destroces el árbol. Pero algún día sabrás cuantas cosas se pierden por algo menos que una pera”. Dejamos el peral tranquilo y nos esfumamos confusos y avergonzados. A los pocos días era Nochebuena. La tarde de Nochebuena la visita era obligatoria. Había que bajar del desván las peras para la compota. Mi primo y yo sentíamos una gran atracción por el viejo y oscuro desván, donde se sabía que estaban las cosas, pero que no se veían. Aquí las cebollas. Allí los racimos. Más allá, las patatas. Junto al tubo de la chimenea, las botellas, los trastos viejos, las cestas de la vendimia y la cama del niño de la abuela. La cama de aquel hijo que casi un niño había emigrado para América y que ya nunca se volvería a usar. Y en el rincón cercano a la escalera de subida, estaban las peras. Mi primo y yo subíamos una pequeña cesta y la comenzábamos a llenar. Alguna vez nos ocurría que la mano se nos iba a una podrida y el taco era de rigor. Las peras eran alargadas de forma y redondas de dureza. Efectivamente, tras la dura y seca corteza, eran un prodigio de dulzura y de jugosa profusión. Algo así como una vida que ha tenido que ser algo diferente de lo que hubiera querido ser; pero que conserva en lo más hondo de sí misma aquella condición prístina que le hace sentirse orgullosa de haber llegado a ser sin dejar de ser definitivamente.
Ya por la noche, reunidos en la cena familiar, tras haber comido el pulpo de costumbre, quizás chorizos nuevos, u otra cualquier cosa, correspondía al abuelo distribuir la compota. Era un momento solemne, de corazón y de reflexión. El abuelo distribuía con una cara de satisfacción casi beatífica. Como si en cada troza nos diese un poco de sí mismo; un poco de aquella vida íntima que estaba un poco más lejos que el contacto de la piel. El abuelo se reía entonces, pero en todo momento de alegría hay como un soplo de viento negro que nos lo estropea.  “Ay, aquella pera, aquella pera”…
Han pasado muchos años. El abuelo se ha ido. Y el viejo peral no es más que un tronco casi desnudo del que brotaron unos débiles renuevos. Y como si fuesen frutas de eternidad más que piedras que lo rodean, parece que las palabras del abuelo se desperdigaron por aquí y por allí:

“Algún día sabrás cuantas cosa se pierden por algo menos que una pera”.         



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