jueves, 11 de diciembre de 2014
martes, 9 de diciembre de 2014
El autobús de la empresa Alsa queda atascado en el puente de Villafranca del Bierzo
No se necesita mucha lucidez para
ver como a nuestras autoridades municipales hace dos días se les apelotonaban las palabras
en la boca ante los medios de comunicación para explicarnos las maravillosas
obras del puente, hoy desgraciadamente me temo que después de tanto retoque y
tanta cosmética tendrían que morderse la lengua. La experiencia me va enseñando
que con tanto lumbrera experto en obras, y tanto ingeniero destilando
incompetencia, se les olvido que por el puente circulaban coches, y que hasta
hace poco en este puente se cruzaba un coche y un autobús, pero llegaron todos
estos diseñadores de la estrechez y tunearon el puente y así quedo que ahora no
pasa ni el coche de línea, pero nos seguirán engañando con sus dulces mentiras,
y dentro de poco nos volveremos a quedar deslumbrados por un nuevo rebuzno, y
con el éxtasis no sabremos si nos la servirán a granel o de garrafón.
villafrancadelbierzodigital
domingo, 7 de diciembre de 2014
Aguanta masa mientras o zarralleiro pasa
No me sale ni una sola palabra que suene bien para ponerle
en el pie de la foto. Cuando no han pasado ni veinticuatro horas de la
inauguración de las protecciones del puente, al primer impacto ya quedo un
tramo como la torre de Pisa, y eso que nos han hecho masticar estos remiendos
sin analgésico como la panacea de la seguridad. Que Dios nos coja confesados
ante tanta incompetencia mientras contemplo los estragos y voy tomando nota en
una servilleta de la cafetería del Burbia.
villafrancadelbierzodigital
sábado, 6 de diciembre de 2014
VEAN Y JUZGUEN
Cuesta de Zamora siglo XIX
Cuesta de Zamora siglo XXI
VEAN Y JUZGUEN
Poco a poco, y con la bendición
apostólica de patrimonio, el paisaje de un puente ha sido sacrificado en aras
de esa realidad virtual y semafórica,que hace más cosmopolita al paleto y más
digestiva la sonrisa de la vulgaridad bajo el ojo clínico de los
estraperlistas, mientras los ciudadanos siguen sufriendo día a día sus efectos
secundarios, y algo que debería tener holgura, se convierte en estrechez, será
que nuestros representantes quieren dejarnos hipnotizados y enriquecernos de
ignorancia.
Ustedes no se preocupen, a mandar
que para eso estamos.
villafrancadelbierzodigital
viernes, 5 de diciembre de 2014
LA FUENTE DE LAS VACAS
LA FUENTE DE LAS
VACAS
A veces el blanco y negro de una fotografía
queda como documento para dejar constancia de un hecho pasado, así en el año
1965 cuando se derribó el edificio que alberga hoy Caja España, o como se
denomine actualmente, en el lateral de la Travesía de San Nicolás estaban
incrustadas en la mitad de la pared las cabezas de lo que posteriormente sería
la fuente de las vacas. Fue durante el mandato del alcalde Don José Fernández
Villarejo cuando se salvo este vestigio de procedencia desconocida, y que otro
alcalde Don Federico Cuadrillero en 1967 le dio otra utilidad pública como
fuente de las vacas que hoy conocemos.
villafrancadelbierzodigital
jueves, 4 de diciembre de 2014
La acometida de la luz al polígono de Vilela esta siendo investigada por el juzgado
El equipo de gobierno del ayuntamiento de Villafranca del Bierzo ha puesto en conocimiento de los tribunales de justicia el incumplimiento en la ejecución de la acometida de electricidad al polígono industrial de Vilela, realizado por los anteriores gobernantes del municipio, y que había sido pagado con cargo al Fondo Estatal de inversión local, conocido como plan E.
El juzgado número 4 de Ponferrada ha abierto diligencias para investigar la denuncia presentada por el consistorio villafranquino.
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miércoles, 3 de diciembre de 2014
LAS PALLOZAS EN EL MUNICIPIO DE VILLAFRANCA DEL BIERZO
LAS PALLOZAS EN EL MUNICIPIO DE VILLAFRANCA DEL BIERZO
Palloza de Paradaseca
No deja de ser curioso que en estos pueblos que se recogen
entre montañas vecinas y paisajes comunes, coexistan dos tipos de pallozas
diferentes, solo al contemplar sus cubiertas de paja las distinguimos
perfectamente. Paradaseca, fue el pueblo de las pallozas durante muchos años,
hasta que fue cayendo en un abandono gradual y la maleza fue devorando una a
una esas reliquias de nuestra arquitectura tradicional.
Las pallozas tanto de Paradaseca, de Tejeira y de Villar de
Acero tenían su cubierta en forma cónica, mientras que en el vecino pueblo
de Campo del Agua encontramos la
cubierta como si fuese diseñada a dos
aguas y las cabeceras haciendo una forma de semicírculo.
La construcción de las pallozas se realizaba en dos niveles,
la parte más alta que servía para la vivienda de las personas y separada por
unas tablas de la más baja para los animales. Aunque vista exteriormente la
palloza quedaba uniforme y se adaptaba a la rugosidad del terreno. Los muros se
hacían de piedra y la cubierta de paja de centeno.
La construcción de la misma se realizaba apoyando en la
estructura interior del muro unos puntales, también llamados pies, normalmente
de madera de castaño que se quemaba en su parte inferior antes de ser
introducida en la tierra. Sobre los puntales o pies se asentaba “ la viga
madre”, y sobre esta arrancaban “las teixeiras”, que se entrecruzaban para
sujetar “la cumpia” o “cumbrela”, que es la viga superior. En las pallozas de
Paradaseca al terminar su techo en forma de uve invertida tenían dos
“Cumbrelas”, la mayor y la menor. Posteriormente se colocan “ las tercias”, y
de una tercia a otra van unos palos más pequeños que se llaman “ripias,” que
van atados a las tercias por los
“brincallos”. Antes de realizar “el teitado” de la palloza se colocan
unas lajas de piedra sobre los muros de la pared para desviar el agua de la
lluvia hacia el exterior y así evitar las humedades del interior de la palloza.
Y por último los teitadores colocan la paja de centeno atándola a las
ripias.
Pallozas de Campo del Agua
villafrancadelbierzodigital
martes, 2 de diciembre de 2014
La calle del Agua.Heráldica 8
Siguiendo con la numeración par de la calle del Agua en la casa que estaba hasta hace poco en el número 46, existían dos escudos semejantes, hoy desgraciadamente sólo queda uno de ellos en la parte de la fachada que quedo sin derruir.
En el campo del escudo aparece una caldera con el asa levantada y en la parte superior del asa una cruz.Este escudo representa a la familia de los Neira.
La calle del Agua, cuando todavía estaba habitada la casa y que era conocida popularmente como "La casa de los Muchos," por el gran número de familias que habitaban en ella.
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lunes, 1 de diciembre de 2014
"EL PERAL DEL ABUELO" por Gilberto Núñez Ursinos
EL PERAL DEL ABUELO
¡Bah, pero si solo es una pera; una pequeña,
negra e insignificante pera…! Pero es algo, es algo, nos dijo mi abuelo a mi
primo y a mí.
Como todos los
años, cuando se acercaba Nochebuena, más que como una obligación, como pretexto
para sacarle unas monedas; mi primo y yo nos dejábamos caer por la casa del
abuelo y nos acercábamos a ver el viejo peral cuyas peras servían para la
compota en el menú de Nochebuena. El abuelo tenía aquel peral en gran estima. “
Lo plantó mi abuelo; lo injerto mi padre, y comenzó a producir cuando yo era un
rapaz”. Y yo adivinaba en sus palabras como si el abuelo viese en el peral algo
así cual una tradición en el paisaje berciano. Recoged, recoged todas las
peras, que no se pierda ninguna; es una lástima que se pueda perder lo que
tanto se ha tardado en conseguir. Y nosotros nos afanábamos cogiendo las peras.
Mirábamos; remirábamos. Era casi una cuestión de orgullo. Pero aquel año había
quedado una pera sin recoger. Una pequeña, negra e insignificante pera. Pero
era algo que nos había dejado como malos cogedores. Era algo que al abuelo le
hacía sufrir. Subimos al peral, intentamos coger la pera, pero todo intento fue
vano. Tratamos de recogerla con una mano metálica; pero tampoco pudimos.
Entonces, mi primo, a quien la vista de la pera le llenaba de rabia, soltó un
taco y tomando un palo de las habas, trató de tirarla. Pero la mala fortuna
hizo que en vez de tirar la pera, rompiera una rama, lo que escandalizó al
abuelo. “Hugonote-el abuelo era muy leído- deja, deja la pera. Prefiero dejar
la pera a que me destroces el árbol. Pero algún día sabrás cuantas cosas se
pierden por algo menos que una pera”. Dejamos el peral tranquilo y nos
esfumamos confusos y avergonzados. A los pocos días era Nochebuena. La tarde de
Nochebuena la visita era obligatoria. Había que bajar del desván las peras para
la compota. Mi primo y yo sentíamos una gran atracción por el viejo y oscuro desván,
donde se sabía que estaban las cosas, pero que no se veían. Aquí las cebollas.
Allí los racimos. Más allá, las patatas. Junto al tubo de la chimenea, las
botellas, los trastos viejos, las cestas de la vendimia y la cama del niño de
la abuela. La cama de aquel hijo que casi un niño había emigrado para América y
que ya nunca se volvería a usar. Y en el rincón cercano a la escalera de
subida, estaban las peras. Mi primo y yo subíamos una pequeña cesta y la
comenzábamos a llenar. Alguna vez nos ocurría que la mano se nos iba a una
podrida y el taco era de rigor. Las peras eran alargadas de forma y redondas de
dureza. Efectivamente, tras la dura y seca corteza, eran un prodigio de dulzura
y de jugosa profusión. Algo así como una vida que ha tenido que ser algo
diferente de lo que hubiera querido ser; pero que conserva en lo más hondo de
sí misma aquella condición prístina que le hace sentirse orgullosa de haber
llegado a ser sin dejar de ser definitivamente.
Ya por la noche,
reunidos en la cena familiar, tras haber comido el pulpo de costumbre, quizás
chorizos nuevos, u otra cualquier cosa, correspondía al abuelo distribuir la
compota. Era un momento solemne, de corazón y de reflexión. El abuelo
distribuía con una cara de satisfacción casi beatífica. Como si en cada troza
nos diese un poco de sí mismo; un poco de aquella vida íntima que estaba un
poco más lejos que el contacto de la piel. El abuelo se reía entonces, pero en
todo momento de alegría hay como un soplo de viento negro que nos lo estropea. “Ay, aquella pera, aquella pera”…
Han pasado
muchos años. El abuelo se ha ido. Y el viejo peral no es más que un tronco casi
desnudo del que brotaron unos débiles renuevos. Y como si fuesen frutas de
eternidad más que piedras que lo rodean, parece que las palabras del abuelo se
desperdigaron por aquí y por allí:
“Algún día sabrás cuantas cosa se
pierden por algo menos que una pera”.
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