viernes, 5 de diciembre de 2014

LA FUENTE DE LAS VACAS



LA FUENTE DE LAS VACAS

 A veces el blanco y negro de una fotografía queda como documento para dejar constancia de un hecho pasado, así en el año 1965 cuando se derribó el edificio que alberga hoy Caja España, o como se denomine actualmente, en el lateral de la Travesía de San Nicolás estaban incrustadas en la mitad de la pared las cabezas de lo que posteriormente sería la fuente de las vacas. Fue durante el mandato del alcalde Don José Fernández Villarejo cuando se salvo este vestigio de procedencia desconocida, y que otro alcalde Don Federico Cuadrillero en 1967 le dio otra utilidad pública como fuente de las vacas que hoy conocemos.




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jueves, 4 de diciembre de 2014

La acometida de la luz al polígono de Vilela esta siendo investigada por el juzgado




El equipo de gobierno del ayuntamiento de Villafranca del Bierzo ha puesto en conocimiento de los tribunales de justicia el incumplimiento en la ejecución  de la acometida de electricidad al polígono industrial de Vilela, realizado por los anteriores gobernantes del municipio, y que había sido pagado con cargo al Fondo Estatal de inversión local, conocido como plan E.
El juzgado número 4 de Ponferrada ha abierto diligencias para investigar la denuncia presentada por el consistorio villafranquino.




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miércoles, 3 de diciembre de 2014

LAS PALLOZAS EN EL MUNICIPIO DE VILLAFRANCA DEL BIERZO

LAS PALLOZAS EN EL MUNICIPIO DE VILLAFRANCA DEL BIERZO



Palloza de Paradaseca


No deja de ser curioso que en estos pueblos que se recogen entre montañas vecinas y paisajes comunes, coexistan dos tipos de pallozas diferentes, solo al contemplar sus cubiertas de paja las distinguimos perfectamente. Paradaseca, fue el pueblo de las pallozas durante muchos años, hasta que fue cayendo en un abandono gradual y la maleza fue devorando una a una esas reliquias de nuestra arquitectura tradicional.
Las pallozas tanto de Paradaseca, de Tejeira y de Villar de Acero tenían su cubierta en forma cónica, mientras que en el vecino pueblo de  Campo del Agua encontramos la cubierta  como si fuese diseñada a dos aguas y las cabeceras haciendo una forma de semicírculo.
La construcción de las pallozas se realizaba en dos niveles, la parte más alta que servía para la vivienda de las personas y separada por unas tablas de la más baja para los animales. Aunque vista exteriormente la palloza quedaba uniforme y se adaptaba a la rugosidad del terreno. Los muros   se hacían de piedra y la cubierta de paja de centeno.

La construcción de la misma se realizaba apoyando en la estructura interior del muro unos puntales, también llamados pies, normalmente de madera de castaño que se quemaba en su parte inferior antes de ser introducida en la tierra. Sobre los puntales o pies se asentaba “ la viga madre”, y sobre esta arrancaban “las teixeiras”, que se entrecruzaban para sujetar “la cumpia” o “cumbrela”, que es la viga superior. En las pallozas de Paradaseca al terminar su techo en forma de uve invertida tenían dos “Cumbrelas”, la mayor y la menor. Posteriormente se colocan “ las tercias”, y de una tercia a otra van unos palos más pequeños que se llaman “ripias,” que van atados a las tercias por los  “brincallos”. Antes de realizar “el teitado” de la palloza se colocan unas lajas de piedra sobre los muros de la pared para desviar el agua de la lluvia hacia el exterior y así evitar las humedades del interior de la palloza. Y por último los teitadores colocan la paja de centeno atándola a las ripias.  



Pallozas de Campo del Agua




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martes, 2 de diciembre de 2014

La Patera





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La calle del Agua.Heráldica 8


Siguiendo con la numeración par de la calle del Agua en la casa que estaba hasta hace poco en el número 46, existían dos escudos semejantes, hoy desgraciadamente sólo queda uno de ellos en la parte de la fachada que quedo sin derruir.
En el campo del escudo aparece una caldera con el asa levantada y en la parte superior del asa una cruz.Este escudo representa a la familia de los Neira.



La calle del Agua,  cuando todavía estaba habitada la casa y que era conocida popularmente como "La casa de los Muchos," por el gran número de familias que habitaban en ella.



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lunes, 1 de diciembre de 2014

"EL PERAL DEL ABUELO" por Gilberto Núñez Ursinos



EL PERAL DEL ABUELO

 ¡Bah, pero si solo es una pera; una pequeña, negra e insignificante pera…! Pero es algo, es algo, nos dijo mi abuelo a mi primo y a mí.
Como todos los años, cuando se acercaba Nochebuena, más que como una obligación, como pretexto para sacarle unas monedas; mi primo y yo nos dejábamos caer por la casa del abuelo y nos acercábamos a ver el viejo peral cuyas peras servían para la compota en el menú de Nochebuena. El abuelo tenía aquel peral en gran estima. “ Lo plantó mi abuelo; lo injerto mi padre, y comenzó a producir cuando yo era un rapaz”. Y yo adivinaba en sus palabras como si el abuelo viese en el peral algo así cual una tradición en el paisaje berciano. Recoged, recoged todas las peras, que no se pierda ninguna; es una lástima que se pueda perder lo que tanto se ha tardado en conseguir. Y nosotros nos afanábamos cogiendo las peras. Mirábamos; remirábamos. Era casi una cuestión de orgullo. Pero aquel año había quedado una pera sin recoger. Una pequeña, negra e insignificante pera. Pero era algo que nos había dejado como malos cogedores. Era algo que al abuelo le hacía sufrir. Subimos al peral, intentamos coger la pera, pero todo intento fue vano. Tratamos de recogerla con una mano metálica; pero tampoco pudimos. Entonces, mi primo, a quien la vista de la pera le llenaba de rabia, soltó un taco y tomando un palo de las habas, trató de tirarla. Pero la mala fortuna hizo que en vez de tirar la pera, rompiera una rama, lo que escandalizó al abuelo. “Hugonote-el abuelo era muy leído- deja, deja la pera. Prefiero dejar la pera a que me destroces el árbol. Pero algún día sabrás cuantas cosas se pierden por algo menos que una pera”. Dejamos el peral tranquilo y nos esfumamos confusos y avergonzados. A los pocos días era Nochebuena. La tarde de Nochebuena la visita era obligatoria. Había que bajar del desván las peras para la compota. Mi primo y yo sentíamos una gran atracción por el viejo y oscuro desván, donde se sabía que estaban las cosas, pero que no se veían. Aquí las cebollas. Allí los racimos. Más allá, las patatas. Junto al tubo de la chimenea, las botellas, los trastos viejos, las cestas de la vendimia y la cama del niño de la abuela. La cama de aquel hijo que casi un niño había emigrado para América y que ya nunca se volvería a usar. Y en el rincón cercano a la escalera de subida, estaban las peras. Mi primo y yo subíamos una pequeña cesta y la comenzábamos a llenar. Alguna vez nos ocurría que la mano se nos iba a una podrida y el taco era de rigor. Las peras eran alargadas de forma y redondas de dureza. Efectivamente, tras la dura y seca corteza, eran un prodigio de dulzura y de jugosa profusión. Algo así como una vida que ha tenido que ser algo diferente de lo que hubiera querido ser; pero que conserva en lo más hondo de sí misma aquella condición prístina que le hace sentirse orgullosa de haber llegado a ser sin dejar de ser definitivamente.
Ya por la noche, reunidos en la cena familiar, tras haber comido el pulpo de costumbre, quizás chorizos nuevos, u otra cualquier cosa, correspondía al abuelo distribuir la compota. Era un momento solemne, de corazón y de reflexión. El abuelo distribuía con una cara de satisfacción casi beatífica. Como si en cada troza nos diese un poco de sí mismo; un poco de aquella vida íntima que estaba un poco más lejos que el contacto de la piel. El abuelo se reía entonces, pero en todo momento de alegría hay como un soplo de viento negro que nos lo estropea.  “Ay, aquella pera, aquella pera”…
Han pasado muchos años. El abuelo se ha ido. Y el viejo peral no es más que un tronco casi desnudo del que brotaron unos débiles renuevos. Y como si fuesen frutas de eternidad más que piedras que lo rodean, parece que las palabras del abuelo se desperdigaron por aquí y por allí:

“Algún día sabrás cuantas cosa se pierden por algo menos que una pera”.         



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domingo, 30 de noviembre de 2014

DRAGOMÁN 2014 en Villafranca del Bierzo



Bajo una niebla que palpaba los cuerpos se desarrollo este año la prueba Dragomán 2014.
La prueba deportiva fue ganada por Jorge Pérez con un tiempo de 34:20, y la femenina por Pilar González en 43:56.




El túnel lo tuvieron que pasar los atletas casi bajo una penumbra.




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Estudio de los relojes de sol de Villafranca del Bierzo. Reloj de la Colegiata.

Manuel Martínez Rodríguez.




Los cinco relojes de sol que he analizado, han sido fotografiados por el autor de este blog, Santiago Castelao, publicando sus fotos el 9 de septiembre de 2014.
Como introducción de lo que para mí ha sido una labor apasionante y para una mejor comprensión de lo que se expondrá a continuación, decir que la construcción de los relojes de sol fue una ciencia que desapareció con el tiempo, al ser cada vez mejores los relojes mecánicos. Dicha ciencia se llama gnomónica y la barra o pieza de hierro que en estos relojes se coloca para que haga sombra se llama gnomon, estilo o estilete. Lo normal es que estos relojes estén orientados al sur, para que reciban el mayor número de horas de sol, con el estilete inclinado, apuntando al sur y paralelo al eje terrestre.
Aclarar también que la hora solar era la forma que había antiguamente de medir el tiempo, cuando no existían relojes mecánicos, mientras que la hora oficial que marcan nuestros relojes actuales (pulsera, pared, teléfonos, ordenadores, etc) es la forma que tenemos ahora de medir el tiempo, con una precisión habitual de segundos. La hora de nuestros relojes no coincide con la hora solar, principalmente porque en este país de incongruencias y sinsentidos vivimos todavía bajo un capricho de dictadores, que en su día nos impusieron tener adelantada una hora en invierno (dos en verano), cuando deberían prácticamente coincidir nuestros relojes con los relojes de sol, al igual que en el resto de países europeos. Teniendo en cuenta esa hora o dos horas dependiendo de si es invierno o verano, si estuviéramos en Castellón de la Plana por donde pasa el meridiano 0º, o de Greenwich, la coincidencia sería mayor, puesto que a las doce hora solar, nuestros relojes de pulsera marcarían prácticamente la una en invierno y las dos en verano (con diferencias en el entorno de los 15 minutos, en más o en menos, dependiendo del día del año). 
En Villafranca del Bierzo cuando un reloj solar marca las doce, en ese mismo instante un reloj solar en Castellón de la Plana marcará ya aproximadamente las doce y media, justamente lo que tarda el sol en recorrer la distancia entre los dos lugares (aunque realmente es la tierra la que gira). Mientras nuestro reloj de pulsera marca las doce del mediodía, cuando el sol pasa justamente por el meridiano 0º (es decir, cuando en Castellón de la Plana la sombra, de una farola por ejemplo, apunta exactamente al norte), un reloj solar en Villafranca del Bierzo marcará una hora y media menos en invierno y dos horas y media menos en verano. A esto, dependiendo del día del año, hay que restarle hasta un máximo de algo más de 16 minutos o sumarle hasta un máximo de algo más de 14 minutos. En todo lo dicho debe tenerse en cuenta que un reloj de sol sólo tiene marcas horarias.
Por ejemplo, el 13 de junio un reloj de sol en Villafranca del Bierzo marcará las doce del mediodía cuando nuestro reloj de pulsera marque las 2 y 27 minutos, el 31 de octubre a las doce hora solar nuestro reloj de pulsera marcará la 1 y 10 minutos y el 10 de febrero a las doce hora solar nuestro reloj de pulsera marcará la 1 y 40 minutos.
Sin más preámbulos paso a publicar el primer estudio, que corresponde al reloj de sol situado en la fachada sur de la Colegiata de Santa María del siglo XVI, hoy día parroquia de la Asunción, declarada bien de interés cultural en 1999. Destacar que desde el inicio de su construcción hasta su finalización pasaron unos 200 años, periodo de incertidumbre en la colocación del reloj.

Reloj de Sol de la Colegiata

Reloj de sol construido en una pieza de piedra arenisca, definido en un cuadrado, con claros signos de deterioro, aunque se ven con claridad sus grabados. En el momento de tomar la foto marcaba aproximadamente las tres y veinte de la tarde, hora solar.

                         Fotografía de Santiago Castelao

A primera vista resulta caótico por la distinta grafía en sus números. El nueve no es número romano, sino un 9 convencional, mientras que el cuatro romano es representado con 4 barras, IIII, y no como estamos acostumbrados a ver, una barra seguida de una uve, IV. Esto sucede en muchos relojes de sol y sobre ello existen varias teorías en las que no voy a entrar. La piedra se ve descompuesta en su parte izquierda donde la fila vertical de números parece remarcada con posterioridad, lo que explicaría que el nueve sea un numero natural y no romano (al muy poco profesional restaurador de entonces le resultó más fácil grabar en piedra un 9, una sola marca, que un IX romano, que son dos marcas). Los números de la fila inferior están grabados de forma más tosca, al igual que en la superior, donde el VIII esta boca abajo. Los de la fila vertical derecha por el contrario tienen un grabado muy cuidado y profesional, propio de un artista del grabado.
El estilo es una cortita barra metálica lisa apuntando hacia el suelo (si su inclinación fuera correcta sería la dirección del eje terrestre), doblada hacia el este unos 15º, respecto a la dirección norte-sur. Esto unido a su asimetría respecto a la línea vertical de las doce (se aprecia claramente pues la línea de las seis no es horizontal, sino ascendente desde el centro hacia el exterior del reloj), indica que dicho reloj fue construido para una pared que tuviera orientación oeste de unos 15º. Siendo este el motivo de que sea asimétrico, al tener corregida la proyección.
Lo cierto es que la fachada donde se encuentra, está orientada al sur, por lo que el reloj no puede marcar la hora solar correcta. Pudiera ser que en su día se trajera de otro lugar para el que se había diseñado, y se colocara en la colegiata sin comprobar la orientación, algo crucial en estos relojes.
La comprobación que he realizado en los primeros días de noviembre, ratifica el error, pues la sombra del estilo marca una hora solar con un desfase que supera los 20 minutos de adelanto en las horas de la mañana, ajustándose al mediodía y retrasando en las horas de la tarde llegando a superar los 15 minutos.
Marcaría correctamente de haberse calculado y ejecutado para la fachada en la que se encuentra. Sería entonces simétrico, su estilo no estaría girado sino perpendicular al reloj y apuntaría hacia el suelo en la dirección del eje terrestre.

Finalmente incluyo dos gráficos que son de fácil interpretación y sirven de aclaración, realizados a partir de las lecturas tomadas.

El primer gráfico indica el error en varias horas solares. Del mismo se deduce, que a partir de las doce, donde adelanta unos 25 minutos, el error se va reduciendo hasta marcar la hora exacta en torno a las dos y cuarto de la tarde, y desde ahí comienza a atrasar, acumulando unos 15 minutos a las cuatro menos diez (15:50 del gráfico).


  
El segundo gráfico indica la hora solar marcada por el reloj y la hora solar que debería marcar si fuera un reloj preciso o mejor dicho, bien construido para el lugar donde está colocado. Se puede ver que cuando marca las doce, debería marcar las 11:34, que se obtiene simplemente restándole los 26 minutos que adelanta. También se deduce que entorno a las dos y cuarto de la tarde daría la hora correcta. A las 15:50 debería marcar las 16:06, que se obtiene sumándole los 16 minutos que atrasa a esta hora.




El próximo que se publicará será el reloj de sol del Palacio de Arganza.


  











sábado, 29 de noviembre de 2014

NI AL QUE ASÓ LA MANTECA



Manuel Martínez Rodríguez


Limpia, fija y da esplendor. Y ganas de encarcelarlos.


           Ni al que asó la manteca se le hubiera ocurrido semejante; es que ya no sé ni cómo calificarla, chapuza descomunal quizás, creo que cualquier calificativo se queda corto.
            Empeorar una cosa y desbaratar otra.
Si Jesucristo los echó del templo a latigazos por convertirlo en mercado, a estos herederos de insensibilidad y torpeza estaría más que justificado echarlos a latigazos de sus puestos de “irresponsabilidad”, a latigazo limpio, ala a tomar x “ahí” por la parte innoble, barrigas llenas a varear aceitunas que no valéis “pa” otra cosa, a escarbar el cebollín cabezudos, a cabezazos contra el puente carneros a ver si espabiláis o mejor ponerlos a todos a limpiar el puente hasta dejarlo esplendoroso, de ahí no salís hasta dejar sus piedras limpias como una patena, aunque tengáis que estar un mes día y noche, eso sí a pan y agua que no merecéis otra cosa, a trabajos forzados y con cencerro como los cabestros.
Patrimooonio, Patrimooonio, hay alguien, estáis ahí, donde narices os habéis metido o solo estáis para poner trabas al ciudadano de a pie. Estas ahí para algo o sólo para sacar dinero de las arcas públicas a fin de mes.
Yo que quería escribir de otras cosas y no hay manera, un día sí y otro también, pero es que uno se indigna, más aún de lo que esta tras el 15 M, porque desde entonces, anda que no hemos visto llover mangantes y miserables que solo van a “trincar”. ¡Que diluvio! ¡Que plaga! de torpes, mangantes e irresponsables, estamos en manos del azar y como tengamos que esperar a que desaparezcan por sí mismos, como lo hacen las plagas tras arrasar con todo, estamos “apañaos”.

¿Me pasé?, ¿me quedé corto? Vamos a tirar de fotos y que cada cual juzgue por sí mismo.









¿No basta arruinar las piedras con cemento gris, además tiene que discurrir agua por ellas?













¿Cuánto hace que se inventó la plomada?










¿Y la casa de los Barredo que tiene bastante más de un siglo y paga impuestos como las demás, como hace una mudanza, “a costillas”? Cuesta de Zamora quien te ha visto y quien te ve.






viernes, 28 de noviembre de 2014

Repsol extenderá su red de gas hasta Villafranca del Bierzo




La empresa Repsol firmará un acuerdo con el ayuntamiento de Villafranca del Bierzo para la construcción de una red de suministro de gas para la localidad. La inversión prevista es de 470.000 euros, en los que la empresa Repsol instalará una red subterránea de tres kilómetros de tuberías para llevar a cabo el suministro de gas a todos los ciudadanos que quieran contratar dicho servicio.




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